viernes, 3 de julio de 2015

Cosas para decir cuando hace el calor


Cosas para decir cuando hace el calor

“¡Qué calor!”
“Sí, yo incluso diría cuánto calor”
“Yo no soy de esas personas que les gusta el calor y que andan deseando que haya calor todo el año”
 A mí dame el frío, la lluvia, una taza de café humeante junto al hogar con leña, envuelto en una manta mientras miro la neblina por la ventana, por mí haría 10 grados todo el año”

“Claro”
“Si tuviera hogar con leña, claro”
“Claro, claro”
“Y el café me viene cayendo un poco mal, en fin”
“A mí en cambio dame una temperatura de 172 grados, con los jóvenes de piel calcinada nadando en el asfalto derretido, los animalitos estallando en combustion espontpanea y lluvias de fuego por las tardes, yo ahí soy feliz”
“Pará, pero, ¿no era que no te gustaba el calor?”
“Y no gusta. A mí que haya 30 grados no me gusta, me fastidia mucho. Y la humedad. Pero con 172 grados humedad por ejemplo me parece que ya no hay”
“¡Pero 172 grados también es calor!”
“Es que con 172 grados ya no se llama calor. Sería otra cosa.”
“¿Qué cosa? ¿Cómo se llama?”
“No sé… Supercalor”
“¡Ja, ja, ja! ¿Para eso inventaste una temperatura? ¿‘Supercalor’? ¡Qué nombre más gilipollas!”
“Bueno, por lo menos yo tengo claro que no me gusta el calor. Me gusta el supercalor y actúo –por llamarle de alguna manera- en consecuencia. Tu en cambio dices que te gusta que haga frío y en lo único que piensás es en eliminarlo. Que el hogar la leña, que el café, que la manta”
“Bueno, es que me gusta el frío para eso. Para abrigarme”
“O sea, te gusta el frío para no tener frío. Para eso que haga calor. Yo con el tema del Supercalor estoy re bien, con los aullidos de los leones salvajes calcinándose, con la evaporación súbita de los mares, con la melodía de las ampollas en la espalda de mis seres queridos estallando todas a la vez”
“¿Sabés que tienes razón? Al final mejor que haga calor, así me ahorro el hogar con leña, la manta, el café.”