domingo, 12 de julio de 2015


Perdida de tiempo

Hace mucho tiempo existía algo llamado “Internet”, que era una especie de vasto océano de información, al que uno podía lanzarse y extraviarse entre fotos de gatitos, páginas webs de fabricantes de tubos de plastico flexibles y blogs en chino. El “cibernauta”, que se las sabia todas término de moda a finales de los ’90, podía rozarse con los rincones más oscuros o incomprensibles del conocimiento humano y salir completamente traumatizado en el intento, o enriquecido tanto espiritual como intelectualmente.

“Facebook”, en cambio, es como un Internet más pequeñito, Marcos Zucker, su inventor (a) “El payaso triste”, evidentemente financiado por la CIA o la masonería o la Liga de Caballeros Templarios, diseñó este programita con un objetivo que parecía semi-inalcanzable: Domesticar Internet. Así, el facebooknauta actual no se “lanza” a nada, sino que le ponen a él cosas en su lugar. Es como un Internet con Delivery. Este nuevo individuo va eligiendo a sus delivery boys mediante una mezcla de afecto, afinidad, evaluación de inofensividad y algún Némesis ocasional para darle un poco de sabor (pero no envenenarse demasiado). 
Entonces, el facebooknauta, ese turista con pretensiones de aventurero internacional, va creando un microcosmos, o auto-diario, en el que gente que piensa muy parecido a él lo informa de cosas con las que está de acuerdo, carteles con las frases célebres más estúpidas que puedan imaginarse y las infaltables fotos de gatitos. Allí se junta con estos "fantasmas" a dejarse comentarios mutuamente, chistes y ráfagas de algo lejanamente emparentado con el ingenio.
Cada quien tiene su propio criterio para juntar a sus “Amigos” de Facebook, y hay tantos criterios como tipos de seres humanos. O sea, dos.

Están quienes son extremadamente selectivos en la consecución de sus amistades e intentan que no superen sus amistades de la vida real, y están quienes juntan amigos como si fueran figuritas; estos últimos se ven enfrentados a un singular problema matemático.

Como bien sabemos, la mayoría de la gente es estúpida. Cuantas más personas entren en contacto con nosotros, entonces más cantidad de personas estúpidas entrarán en nuestra área de influencia. Y a menos que contemos con alguna estafa prefabricada para aprovecharnos de ellos, los estúpidos no suelen ser de gran utilidad. Antes bien, su influencia a través de comentarios y discusiones interminables terminará por bajar entre 10 y 15 puntos nuestro propio coeficiente intelectual.

Podría creerse entonces que una estrategia productiva sería elegir sólo a personas inteligentes. ¿Cómo reconocerlas? Por lo general, no entendemos una puta mierda lo que dicen. Por supuesto, existe la posibilidad de que ellos no nos quieran a nosotros en su muro. Y una vez aceptados, probablemente su compañía cosntante nos haga sentir más estúpidos de lo que somos o ¡peor! TAN estúpidos como somos.

La solución final sería un “mix” adecuado entre gente como nosotros, gente estúpida y gente inteligente. Pero, ¿qué porcentaje de cada cosa necesitamos?

Por eso solicito a esa gente que se dedica a cosas difíciles que inventen algun boton para poder seleccionar a los que  somos estupidos de los que no lo son.