miércoles, 12 de diciembre de 2012


El comportamiento suicida de la gente

                                 Dos pasos, nunca tres
Lo que hay que hacer es muy sencillo. Hay que pararse en una esquina, en una esquina concurrida de una gran ciudad, en una esquina a punto de explotar de tránsito y gente y vendedores ambulantes y ladrones y ruido y tel. móviles. En Barcelona, esa esquina podría perfectamente ser la esquina de Pelayo con Ramblas.
Se para uno entonces en la esquina, vista al frente, espalda derecha, brazos al costado del cuerpo, preparado para cruzar la calle Pelayo. Pero aquí está la trampa. Uno debe esperar que el semáforo esté en contra, que se ponga verde para los autos, así empieza todo. Al rato, ya se habrá acumulado una buena cantidad de peatones a ambos lados de la calle. Y entonces, cuando uno cree que falta un minuto todavía para que cambie el semáforo, o mejor aún treinta segundos, uno debe bajar el bordillo, uno debe arrancar y dar un paso adelante, con la más absoluta convicción, luego otro paso, el segundo paso, enérgico, decidido, y luego, cuando es el turno del tercer paso, aquí está la clave de la maniobra, uno debe frenar. En seco. Es un movimiento ensayado, uno dos, y tres (frenar).
Si dais dos pasos, como he descrito, todavía estás a salvo. Todavía no estás a merced de los coches que vienen por Pelayo y que, como dije, tienen semáforo a favor.
Lo interesante es que todos se han lanzado, cientos de personas de ambos lados de la calle han comenzado a cruzar, movidas tan sólo por un acto reflejo, por un desesperado anhelo de un grupo de desesperados, falta de personalidad, por imbecilidad, porque así son.
Pero si se frena lentamente, haciéndose el distraído, vuelves a dar un paso atrás. Mientras has dado ese paso atrás, es probable que logres ver cómo una o varias personas son atropelladas, oirás gritos, bocinazos, frenadas, un caos general.

Los científicos y encargados de estudiar el comportamiento de los animales se preguntan, como no consiguen hallar explicación a fenómenos tan extraordinarios como el suicidio de las ballenas.
Yo creo que se trata de una ballena que tiene ganas de tocar las pelotas, una ballena que hace más o menos lo mismo que acabo de contar. Las demás la siguen y una gran mayoría quedan ancladas en la arena.