jueves, 29 de septiembre de 2011

11 ejemplos de la suerte que tengo



La mayoría de las veces uno se queja por lo que le pasa. Pero es un buen ejercicio para el alma humana agradecer las cosas que no le pasan. En lo personal quiero agradecer por:
1) No vivir en la ladera de un volcán en actividad.
2) No vivir al lado de un laboratorio que haga experimentos con animales, y que cada tanto uno de los animales se escape y se meta por la ventana de mi casa, aullando de sufrimiento; por ejemplo, un mandril dado vuelta, como en “La Mosca”, o un cocodrilo al que le falten las dos patas de atrás y se arrastre entre quejidos – aunque no sé si los científicos experimentan con cocodrilos.
3) No tener sextillizos.
4) No tener un servicio de cable embrujado, que en lugar de los canales normales transmita visiones de almas en pena, y que encima el televisor se conecte en medio de la noche solo y que se escuchen esos quejidos fantasmagóricos justo cuando estoy yendo al baño.
5) No haber sido captado por una secta, cosa improbable teniendo en cuenta mi ateísmo.
6) No tener una enfermedad de la visión que me haga ver al resto de la humanidad como esqueletos, o como payasos malvados. O incluso como Rajoy. Todos, varones y mujeres. O peor: Que los varones se vean Rajoy y las mujeres como Aznar. Eso sería escalofriante.
7) No tener que destruir mi ordenador a hachazos cada vez que lo quiero apagar, porque gastaría muchísimo dinero. Mejor aún, que el sistema inventado para apagar los ordenadores en general no sea ese (destruirlas a hachazos); ya es bastante plomo tener que apagarlas como se apagan actualmente, con todos esos botoncitos y cartelitos. Además, no serían tan graciosos esos videos que hay en internet donde un tipo se vuelve loco y destruye el ordenador a golpes en serio. icon_cool.gif Algo parecido para los automóviles; que no haya que chocarlos contra una pared para que frenen.
9) No vivir en la época en que se utilizaban conejos para limpiarse los dedos manchados de comida (hasta que Leonardo da Vinci inventó la servilleta) y que justo el conejo que me toque a mí sea un conejo iracundo o rabioso que me muerda cada vez que me quiero limpiar los dedos, y que el dueño del palacio me diga “vamos, qué te pasa, inútil, límpiate los dedos de una vez” en frente de todo el mundo, y yo señalar al conejo y emitir unos sonidos tipo Costello cuando tiene miedo, y que todas las noches se repita la misma historia.
10) Algo parecido, pero aplicado a la época en que los preservativos no eran de látex – porque no había – sino de vejiga de cerdo; sólo que en este caso el elemento no estaría vivo así que no sería tan grave, pero por Dios qué guarro.
11) No ser un contador en la época de los romanos y tener que hacer sumas y restas con números romanos.


Por todo esto… ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!!!