jueves, 15 de agosto de 2013

Historia en un Supermercado chino


Era muy simple. Tenía que ir al supermercado chino, es lo mas cerca de casa que tengo y comprar cerveza, leche, latas  de atún, sardinas etc. donuts y servilletas de papel.
Entré al chino y al entrar me encuentro a una chica desconocida del barrio que estaba por el pollo, algo que ya me predispone bien porque no hay nada más incómodo para una mujer con tetas que tener que pedir “dos pechugas”. Es como una invitación a la sonrisa y la mirada tetal de toda la gente que escucha como pide "dos pechugas" un silencio bizarro en el que todos participamos. El chino al ver que parte de sus clientes estaban pendientes de la chica, repitió dos veces "dos pechugas", y al entregarle la mercancía en una bolsa de plástico, repitió "dos pechugas".
La chica nerviosa puso la bolsa por el asa, recordemos que contenían pechos de pollo, en su brazo izquierdo para tener las dos manos libres, todos nos dimos cuenta que sus pechos quedaban por encima de los del pollo.
Compre mis provisiones y  añadí una Pepsi con la promoción loca de un festival de música solo porque era parte de esa promo y no puedo evitar tener la esperanza de ganar algo destapando una botella.
La chica seguramente no pensaba comprar demasiadas cosas pues no llevaba ni carro ni cesto, me di cuenta que con las dos manos libres iba sacando de los estantes, chocolate, cafe, pasta de dientes, patatas, azúcar, eyc. eco. cada vez tenia mas dificultar para sujetar los alimentos, los sujetaba como podía, tenia las manos llenas y la ultima solución fue debajo de los brazos, la seguí hacia la caja, lo distribuyo todo por encima de la cinta transportadora.
Le cobraron tranquilamente y salió a la calle cargada de bolsas.. Se sentía orgullosa de comprar cosas que estaban fuera de lo planificado, de haberse convertido en una gran improvisadora de súper… 
En aquel momento observando su cara de felicidad, me doy cuenta que las pechugas no las ha pasado por caja, había robado "dos pechugas de pollo"
Estaba parada en la puerta del supermercado. El chino la mira desde adentro y yo sabía realmente por qué, el oriental está vigilando que no se vaya mientras llama a la policía.
En otra situación, si el chino no se da cuenta yo me callo, pero al darse cuenta prefiero ayudarla, le digo,  me parece que ye has olvidado de pagar sus pechugas, me doy cuenta del error, pero no tengo tiempo de rectificar , rápidamente contesta, mis pechugas están pagadas y bien pagadas, la "Caixa" me ayudo. 
Solo tienes dos opciones “¿Vuelves a entrar y le dices que me equivoqué, que no fue intencionado, que me cobre ahora mismo, así dejas de sentirte una ladrona? o ¿robas las dos pechugas, cruzas la calle entre taxis con el riesgo de morir atropellada y a partir de mañana cambias de súper? 
Se convirtió en una ladrona arrepentida, un fiasco triste, un delito inacabado. 
- Me llevé esta bolsa con las pechugas, al llevarlas colgadas con el asa del brazo a sido sin querer – le dijo al chino que no entiende nada más que dos oraciones: “¿Cuánto pesa” y “¿Cuánto sale?”.
- No impota no impota no impota no impota – repetía frenéticamente mientras pasaba el producto por el confirma-precios
- Te juro que fue sin querer, no me di cuenta – continuaba ella, casi llorando
- Ja ja ja – rió el chino, demostrando claramente que no la había creído
Pagué mis productos. Subí a casa sonriendo y al abrir la puerta noté que había olvidado comprar las servilletas de papel y los donuts. 
Odio los Supermercados