miércoles, 19 de enero de 2011

Me disfrace de modelo de Coco Chanel para pedir un café


No hay nada como el ritual del café. No hay nada como salir un sábado o domingo por la mañana a caminar por el Paseig de Gracia, Rambla de Catalunya y elegir un café, preferentemente que tenga mesas en el exterior. Sentarse en una de esas mesitas, donde da el sol de las 11 de la mañana de un día de invierno en Barcelona.

Me encanta acomodarme, con las piernas cruzadas y tomar apuntes, llamar al camarero y pedirle un café. Inevitablemente el camarero repetirá “un solo”. No importa en que café uno se encuentre, uno pide un café, y el camarero responderá sin inmutarse “un solo”. (No que venga tu hermana y de lo tome conmigo, idiota). Cuando vio que le miraba con cara de pocos amigos, no se le acude que afirmar AH! un “cortado”.

Porque no era una pregunta, era casi como una afirmación. Yo lo tomo casi como un insulto, es como si el camarero diera por sobreentendido, que uno no sabe hablar castellano, y que al café cortado uno lo llama simplemente café. En una época había optado por pedir directamente un “café negro” en vez de simplemente un café, para evitarme el mal trago de tener que reconfirmar mi pedido, cada vez. Pero eso me trajo más disgustos que alegrías, ya que los camareros me miraban como si fuese un racista del sur de Estados Unidos, solo por utilizar la palabra negro, porque esta mal visto utilizar la palabra “negro”, tienes que decir de color.

No es que tenga nada contra el café cortado, ni contra los camareros. Me gusta un cortado, un café con leche y en otros tiempos un carajillo, pero cada cosa por su nombre, ¿porque la manía de “solo”?, Pero si yo he pedido un “café” donde esta la duda UN CAFÉ!.

Adoro el momento en que llega a mi mesa el maravilloso brebaje negro, adoro observar en su interior y verme casi reflejado en su superficie. Luego el sobre con azúcar, nunca edulcorantes, sacudo el sobre entre mis dedos y procedo a abrirlo, para poder echar su contenido lentamente dentro de la taza de café. Me gusta hacer eso con cuidado, lentamente. Me gusta ver como los granos de azúcar caen dentro del café, como durante un mínimo instante, el grano de azúcar toma el color del café, como pasa de blanco a marrón, para luego ser rodeado y engullido por el líquido.

Lastima que todo mi ritual cafetero, siempre quede enturbiado por la inoperancia de la mayoría de dueños y camareros de las cafeterías, me las he tenido que ingeniar para que no pronuncien la palabra “solo”, he probado de pedirlo en ingles y francés, lo he llevado escrito en un papel, como si fuese mudo, nada ha funcionado, únicamente tienes derecho a replicarles, “solo”? si estoy solo y solo quiero un café, también puedes contestarles “otra marca no tiene” es inútil son irreductibles, no hay nadie que pueda con ellos.
Si sabéis algún truco me lo comunicáis, gracias, y no pidais nunca un “solo”.