domingo, 18 de julio de 2010

Extraño ritual



Repasando la libreta negra me encuentro una situación que en su día me sorprendió mucho.

Un viaje a Galicia, actualmente no les tengo ningún aprecio a las personas que me recibían allí, hay que pasar cuentas, me han demostrado una cobardía, que cuando estábamos en fuera de horario de trabajo, se comportaban como el caso de los valencianos echando pestes de la empresa y muy cómplices conmigo, el trabajo me cegaba, ahora se que hay muchos traidores y cobardes, que son unos pobres sub-propietarios de unas tiendas pasadas de moda.(como decía Rubianes, calla nen que se te calienta la boca).

Un viaje a Galicia, todo empieza en el aeropuerto, en la cola de embarque me fijo en ella. Era alta y muy delgada.
Vestía pantalón vaquero y una camisa de cuadros muy ajustada que se empeñaba inútilmente en querer resaltar unos pechos pequeños y puntiagudos
Su rostro tenía algo de místico y soñador. Ojeras pronunciadas y oscuras, mirada apacible, labios carnosos que apenas se movían al hablar, nariz y barbilla agresiva y una larga cascada de cabello rizado que caía ondulante sobre sus hombros.

El avión va medio vacío, quizás por la hora, todos los vuelos que tomaba eran muy temprano. La bruja vino a sentarse a mi lado, digo bruja porque fue como ella se presento, al sentarse me pregunta si voy a un congreso internacional de brujería, yo en aquella época vestía de negro y la bruja saco una errónea conclusión, le dije que si, que la gente que tenia que visitar lo eran. Durante el trayecto le explique la contestación. Me contó que en una playa al atardecer se producía un caso muy extraño y si quería verlo ella me acompañaría.

Eran las 21h. y Mindi, que era como se llamaba ya me estaba esperando, no pasaron ni cinco minutos que me dice "hay una mujer con un vestido negro que se está metiendo al agua vestida". Cuando miré, la mujer ya tenía el agua por la cintura. Siguió caminando mar adentro hasta que el agua le llegó más o menos por los hombros. Desde mi posición sólo le veía la cabeza. La playa estaba en calma y no había ni media ola. Estuvo como 10 minutos así, como mirando el horizonte, y luego emprendió la vuelta, pero ohhh sorpresa, caminando hacia atrás, de espaldas a la playa.

Cuando salió a la arena pudimos ver que tenía puesto no sólo un vestido, sino también un pantalón negro y zapatillas. La poca gente que estaba en la playa, no daban crédito de lo que veían. Me hizo gracia ver la cara de la gente que estaba lejos de la orilla de repente les pasaba por al lado la loca esta caminando como si nada, totalmente vestida y calzada, en medio del mar.

Se sacó el vestido y lo tiró en la arena, y empezó a caminar de nuevo mar adentro, como si estuviera caminando por la calle, nuevamente se metió hasta el cuello y se quedó mirando la nada. Los comentarios de la gente que estaba sentada al lado mío en la arena eran sorprendentes: imaginad esta escena a las 21h. Había un tipo con unos binoculares, que fingía mirar los barcos, pero que en realidad siempre apuntaba por las mañanas y tardes para la playa llena de chicas en bikini, me dijo Mindi que se pasaba todo el día en la playa y estaba entretenidísimo con el show de esta mujer.

Bueno, luego de esta segunda entrada, ya sin el vestido, volvió a caminar de espaldas hasta llegar a la playa, ahí se sentó un rato, se vistió y luego se preparo para irse. Mire a mi alrededor y vi. mucha gente arrodillada. En aquel trozo de playa hace años desaparecieron unos marineros cuando volvían de pescar.

Cuando nosotros nos íbamos, no pudimos resistir la tentación de cruzarnos con ella para verla bien de cerca. Era una chica joven, totalmente vestida de negro (hasta medias de nylon negras tenía debajo del pantalones que llevaba doblados hasta las rodillas y chorreando agua, naturalmente).

Dos meses después volví a Galicia y la chica de la playa la habían encontrado muerta con un marinero de los desaparecidos y vestida de blanco.

A Mindi la vi durante una temporada, tal como se desarrollaron los hechos quedo muy afectada y en un viaje a Lisboa me la volví a encontrar, pero esta vez de vendedora y como es logico con su experiencia mundana las velas e inciensos eran todo un exito.

En cuatro o cinco viajes volamos juntos, me conto muchisimas anecdotas que con su permiso contare en otra ocasion.