martes, 26 de abril de 2011

No me gustan las propinas

En nuestra sociedad de consumo, existen algunos privilegiados que reciben una remuneración extra por sus esfuerzos: la llamada "propina". De esta manera, camareros, acomodadores y botones nos exigen con miradas de perro apaleado que –además del sueldo que les paga su jefe les demos unos euritos por el solo hecho de hacer su trabajo. Ignoro que ley divina ha decidido que determinados trabajadores reciban propinas y otros no. Así, en el restaurant al camarero se le deja propina, pero nunca al cocinero; en el hotel se le da al botones, pero no al conserje, etc. ¿Qué comité o sindicato decide los miembros que reciben propina?

Tampoco la propina recompensa una tarea que se destaque de lo cotidiano, ya que se la damos a todos los camareros, repartidores, etc. sin importar la calidad de la atención, ni premia los trabajos más complicados (uno no le deja propina al cirujano que le hizo el transplante de riñón ni al abogado que lo salvó de ir a la cárcel).

Luego tenemos las famosas "zonas grises", tipos a los que uno no sabe si darles o no un eurito extra. Así, los empleados de gasolineras, taxistas y peluqueros ingresan este grupo a los que algunos seres les dan propina y otros no, generando una incómoda diferencia, ya que si uno nos les da, el tipo lo mira con mala cara. Y si les da a todos, la verdad es que uno se siente medio estafado. ¿O no te sientes un capullo dándole un euro a un ganso sólo porque le puso la manguera en el depósito de gasolina?

Un tema aparte son los tipos que sólo obtienen propinas, como los cuidacoches, encarnación moderna de las familias mafiosas que vendían protección. Pero ese es un tema para un post especial.-

Pero propongo una propuesta concreta, gran acuerdo nacional sobre la regulación de la propina que contemple las actividades que la merecen, las excluidas y las "optativas". O mejor aún, abolición total y absoluta de la propina y su reemplazo por notitas firmadas como la de la maestra cuando éramos pequeños. Así, cuando el camarero te trae la cuenta, Ud. le paga el monto exacto y le agrega con simpatía: "Te felicito, Andresito" (previamente averigüe si el camarero se llama Andres) o "Debes esmerarte más y no derramar la sopa sobre la camisa de los clientes". A fin de mes, el jefe corrige las notas y le abona un plus a los empleados con buenas notas.

Ya sé, el sistema es una capullada, pero con tal de ahorrarme el euro de propina invento cualquier cosa.-