lunes, 18 de abril de 2011

"ooohhh", "aaahhhh", "¡ooaoaoaaooaah!".


Hace unos días viajaba en autobus
y cuando llegó el oportuno momento de bajarme levanté mi culo de un alejado asiento al final del gran coche y por obra y arte de la aceleración, del movimiento rectilíneo uniforme (?) y del cabronazo del chofer, pasé desde el final del pasillo a la parte delantera del bus corriendo, golpeando cabezas, pisando a los pobres pasajeros, se me abrieron los ojos a más no poder, cuidando de no romper el mp3 y el movil que llevaba en la mano y procurando no despeinarme termine mi recorrido aplastado contra la parte frontal al lado del conductor, le mire y solo me salio una tímida sonrisa.

Cuando pude reponerme tras intensos espasmos, toqué timbre sin inmutarme. Pero esto no es todo, lo que había empezado siendo acompañado por "ooohhh", "aaahhhh", "¡ooaoaoaaooaah!" y demás interjecciones onomatopéyicas por parte del resto de los pasajeros se convirtió en un aplauso cerrado y algún que otro gritito de fanatismo,
nunca sospeche despertar estas sensaciones en la gente.

Llegada a Llafranc, primera salida del sol, espectacular, la semana será tranquila, pienso.

Hoy voy a la farmacia, hay cola, esperando logro conectarme con los diálogos que ahí dentro se producían capto a un cliente que le decía al farmacéutico: -Hoy seguro me desmayo- y ni bien terminó de decirlo pasaron 3 segundos cronometrados y el alto hombre de unos 48 años cayó a la cerámica monocromática como si Mike Tyson el boxeador le propinase un KO, pero antes de quedar totalmente tendido en el piso, este señor le dio un golpe con una mano a un caja llena de Juanolas que volaron por los aires y con la otra mano yo recibí un manotazo en toda la cara que me saltaron las gafas "ooohhh
", "aaahhhh", "¡ooaoaoaaooaah!".
Volví a provocar la misma sensación en la gente.

Será tranquila la semana o provocaré algún otro "ooohhh", "aaahhhh", "¡ooaoaoaaooaah!".