lunes, 23 de enero de 2012

En Barcelona

Cuento dedicado a Genis Cano

Existe una esquina en Barcelona en la cual me vuelvo irresistible. Es extraño, no consigo explicarlo, pero es así. Lo descubrí de casualidad, hace algunos años, porque tenía que hacerme un análisis de sangre para retirar una carta certificada de correos. Me paro en esa esquina, o me siento en ese bar, y me vuelvo irresistible. Las mujeres se quedan embobadas del otro lado del cristal, como si hubieran visto al galán de cine que sólo habita en sus más insondables fantasías. Se detienen en la calle al verme, no pueden resistirlo. Una mujer dejó caer su cartera y se agarró la cabeza con las dos manos, la observé murmurar ‘no lo puedo creer’, de rodillas sobre la acera. 
Una chica peinada con unas trenzas y una camiseta demasiado sugestiva entró y me pidió que le firmara su libreta de matemáticas. Una mujer sentada en otra mesa con su novio fue al baño, y al pasar dejó caer su pañuelo junto a mi café. Cuatro chicas entraron y me ofrecieron ir a la casa de una que vivía cerca, y participar, yo, con ellas, en una orgía, con la única condición que las dejara tomar fotografías con sus teléfonos moviles.
El efecto, como una radiación, se extiende unos metros, aunque va decayendo en intensidad. A una manzana de distancia todavía arranco alguna mirada, alguna sonrisa. Pero a las tres manzanas en cualquier dirección, vuelvo a ser el mismo de siempre 

Decidí no pasar por esa esquina, no sentarme en ese bar, nunca más. Porque es tan fuerte la fascinación que genero, que les cuesta mucho recuperarse.