martes, 2 de noviembre de 2010

El placer de llevarse cosas sin pagar


Autoretrato en Hotel Llafranc

Estos dias de “relax” me han servido para confirmar una de mis más que fundadas sospechas: soy un adicto. Pero no a las drogas, ni a la bebida, ni al movil, ni a las tragaperras. Esas cosas cuestan dinero. Soy adicto a lo regalado. Que es mucho más barato, y además, tiene hasta un poquito de morbo.

Cuando viajaba (ocho años) he acumulado tantas pastillitas de jabón, potecitos de champú, gorros de ducha, paquetes de clinex, costureros de emergencia, esponjitas limpiazapatos, maquinillas de afeitar, boligrafos, bastoncillospara ños oidos, cepillos de dientes con su sobre de pasta, y cajitas de cerillas como días he pasado fuera (no tantas).

Si el desayuno está incluido y es de buffet, desayunaré haste tener ganas de vomitar, y aun así todavía me comeré dos tostadas más y un donut, y meteré en la cartera un par de croissants y una bolsita de cereales.

Allí donde haya un expositor de folletos, yo cogeré uno de cada sin mirar siquiera de que son.

Pese a haber dicho "no tengo hambre" siete veces, si nos traen una bandejita de croquetas cortesia de la casa me lanzaré encima como si no hubiera comido en siete días.

Y es que la felicidad debe ser una sensación muy parecida a la de coger las cosas y llevárselas sin pagar, así, sin más. No me digais que no. Si es que yo no he nacido para ser rico: he nacido para no pagar nada. (no tomar al pie de la letra).

Tenia que poner la coletilla “he nacido para no pagar nada” , se que es un riesgo pero queda bien, es como el titulo de una pelicula o de un libro.


Esta semana me comprometo a publicar diariamente.