lunes, 17 de octubre de 2011

Domingo a trozos


Domingo, me levanto a las 7h, saco a pasear a mi perro y con el bicing me voy a la playa , salida de sol y paseo, todo perfecto, desayuno tarde en el Retiro (Paralel) aprovecho para intentar escribir algun post, pero lo sucedido minutos antes me ha desconcertado. Bajo el sol. Esperando en un semáforo que una convención cromática, lo autorice a cruzar la calle Nou de Les Rambles, hay un hombre.
De impecable traje, sombrero algo torcido, zapatos recién lustrados. Tiene el cabello blanco y alborotado.
Es delgado, mayor. Muy mayor.
Sostiene un paraguas, abierto, por encima de su cabeza. Parece cobijarse aunque sin impaciencia ni temor.
–Disculpe –digo, y señalo con un índice el artilugio–. No llueve, hay sol.
–Le agradezco –me responde con una ínfima inclinación de cabeza, y vuelve a fijar su vista al frente–. Pero esa es su opinión. Yo tengo la mía.
Decido desempolvar varios apuntes que tengo, despues de leerlos tengo dos opciones tirarlos o utilizarlos sin montar ninguna historia.

San Sebastian 20 Febrero 2007
Entro en un negocio que vende relojes, una relojería. Me quedo de pie, en medio de vitrinas repletas de relojes, asimilando el agobio del tiempo.

Se me acerca una vendedora.
–Buenas tardes, señor, ¿lo puedo ayudar en algo? ¿Qué desea?
–Sí –digo–. Que los pare.

Granada, 7 Mayo 2008
La vejez es un proceso de acumulación. Una capa de polvo que va impregnando los contornos del ser, hasta volverlos borrosos.
La vejez es exceso de información. Haber hecho las mismas cosas, una y otra vez, hasta no recordar qué fue mejor.
La vejez es un ratón pequeñito y dichoso que roe un queso sin preocupación. Al principio le gusta mucho. Después no.

Lisboa, 12 Junio 2008
Quiero dejar en claro que no creo en el esfuerzo; creo en el talento. Quiero dejar en claro que no creo en la relación causa-efecto; creo en la casualidad. Quiero dejar en claro que no creo en la planificación, ni en la organización, ni en los procesos, ni mucho menos en los métodos; creo en la magia.
Creo en un mundo donde los conejos duermen en veleros y aparecen cuando quieren; un mundo donde las máquinas expendedoras de refrescos son atendidas por enanitos atareados que viven en un refugio oculto bajo el pavimento; un mundo donde la contemplación de un pezón apropiado puede curar la gripe. O el asma.
Quiero dejar en claro que creo en un mundo mucho más entretenido. Caso contrario, prefiero no creer en nada.

Este ultimo apunte me ha llevado por la tarde al Tividabo, esta tan cambiado, casi irreconocible, no he encontrado la magia que siempre habia encontrado, ha sido un fracaso
Fracasa, todo fracasa, mucho me temo, siempre. Y esto es lo suficientemente triste como para llenar una bañadera de lágrimas.
Pero lo que fracasa, todo lo que fracasa, siempre, fracasa por motivos diferentes a los que uno suponía.

Llafranc Agosto 2011 

Cuando alguien, y esto sucede con una regularidad más o menos elocuente, me manifiesta que puede vivir perfectamente bien sin mí, no siento enojo ni tristeza, no, pero sí sorpresa.
Yo no podría.  

Todo aquello que precisaba saber, lo supe. Pero más tarde.
Todo aquello que deseaba tener, lo tuve. Pero más tarde.
Todo aquello que tengo para decir, lo diré. Lo diré, lo juro. Lo diré más tarde.

Mucho se ha escrito y discutido, tanto en publicaciones científicas como de ciencia ficción, sobre qué sucedería si los animales fueran poseedores del don del habla. Qué pasaría, por ejemplo, si los perros hablaran.
Lo consulté con mi perro esta mañana, y me respondió sin el más mínimo atisbo de duda, que si le fuera otorgada la posibilidad de hablar, la primera palabra que pronunciaría sería ‘guau’.