martes, 25 de octubre de 2011

Regalo incomodo


Una persona amiga se cambia de casa y va a vivir  a una zona mas tranquila. Su casa es amplia y agradable. La persona en cuestión, siguiendo al parecer una simpática tradición, hace una fiesta para inaugurar su nueva casa. Cada uno de los invitados le hacemos un regalo.
Yo mismo le diseño una mesa y dos sillas. La persona en cuestión, creo que se merece el regalo, suele leer, suele escuchar música. La silla es la silla más perfecta que yo jamás haya visto.
Le pido a un amigo que es transportista si puede entregarle los muebles, quedamos en el Josephine (Valencia/Pau Claris) para tomar un cafe y darle la dirección en la cual debe ser entregados los mismos, le comento que no se sorprenda, una de las sillas tiene un pequeño detalle. No, no es un cambio en el color del barnizado, y tampoco se trata de un minúsculo grabado en la madera, una inicial a modo de recordatorio.
Lo que he hecho es quitarle una pata de una de las sillas izquierda. Sólo una pata.
El amigo transportista no lo entiende, una silla con tres patas.
Le comento que la persona receptora del regalo, con su nueva vivienda, ha alcanzado un grado de confort tal vez excesivo.
Y deseo regalarle alguna incomodidad, alguna molestia.
Si quiere sentarse que utilice los libros que se compra para lucir y que luego no los lee, apilandolos los utilice de pata.