viernes, 14 de mayo de 2010

En el bar

Llevo toda la tarde andando, cansado decido entrar en el primer bar que encuentre, cosa que sucede al girar por la primera calle.Un lugar con nombre italiano, luces tenues amarillas y un centenar de botellas viejas y empolvadas en un estante cercano al techo. Las paredes están repletas de fotos antiguas, de retratos de gente en pose elegante, con vestidos largos, bigotes negros y sombreros.Observo el ambiente variopinto que hay., grupos de jovenes, una mujer de unos 40 años, un anciano y una pareja, el unos 50 años y ella menos de 30

La mujer no deja de jugar con el cenicero de la mesa. Mira a todos y a ninguno. Elige una una cerveza fría, No para de pensar, mientras dibuja círculos con el dedo en la mesa.

Un viejo lee el diario en la mesa de al lado, su mirada está fija en algún párrafo de esa sección de “Economía y Negocios”. Me llama la atención que sea justo esa la sección del diario que atrapa al hombre vestido con boina marrón y un sweater escote en V. Me parece extraño que a esa edad no use gafas para leer y que en su mesa se amontonen bandejas vacías y bolsas llenas de ropa en la silla. Da la impresión de que habría caminado mucho cargándolas. Lo imaginó pobre, viudo y solo, siento lástima por él.
Empiezo atomar apuntes en mi "libreta negra", el cansancio y el ambiente hacen mella en mi, me perdere en laberintos de pensamiento y dejare volar mi imaginacion.

El viejo desentonaba con el lugar, lleno de gente joven que reía, charlaba y mandaba mensajes por telefono. Nadie leía la sección económica del diario, por lo menos no ahí, por lo menos no esa tarde. La música estaba alta. Las letras hablaban de injusticias y dolores, de soledades que desesperan por las noches...

En un rincón la pareja comía. El no dejaba de mirar a su compañera. La mujer envidió el amor que expresaban los ojos de él. Hacía tiempo que no reconocía una señal de amor en la mirada de un hombre al hablarle. Se sintió más sola.Estaba mal, mezcla de tristeza y desilusión. Quiso llorar. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero fue sólo una amenaza... No conseguía desahogarse, no sabía si era su orgullo o por esa maldita coraza que había construido a la fuerza (marca de malas experiencias).Había llegado al bar buscando distracción, tal vez con la secreta esperanza de conocer a alguien. Sus problemas parecían peores sin la compañía de alguien que la amara y al que ella ame.Ese jueves fue el peor día de esa semana, de ese mes, de ese tiempo en el que le costaba tanto encontrar placer. En su trabajo las injusticias eran cada vez más visibles, como en tantas otras dimensiones de la vida. No es que no le gustara trabajar, sino todo lo contrario. Para ella placer y trabajo podían constituir una pareja perfecta. Sin embargo desde que llegó a esa oficina, le parecían incompatibles.Se sintió como un volcán que no dejaban erupcionar: tenía ganas de crear, de crecer, de compartir, de amar. Pero todo no dependía solo de ella, de sus ganas ¿qué podía hacer con todas esas ganas? La mayoría de los días podía desviarla y canalizar saliendo, paseando, comiendo algo apetitoso, comprando alguna cosa, tomando cafe con amigos... este jueves nada alcanzaba, nada satisfacía. Ir al bar hubiese sido una opción exitosa cualquier día, menos ese.Sintió una vez más la humedad en sus ojos. Tomo un trago lentamente, como jugando. Un niño dejó una estampilla sobre su mesa. Enseguida el dueño, rubio y alto, se acercó al él. No escuchó qué le dijo, pero por los gestos de ambos, sospechó que nada bueno. El hombre llevó al niño hasta la puerta: lo echó.El viejo, la mujer y yo, nos indignamos.
Otra vez la injusticia. Injusticia al niño que vende estampitas para comer, viviendo con la pobreza y la marginación.Mire a la mujer, estaba pensando en el niño, en ella... quiso llorar, estalla.Cada vez más grupos de amigos y parejas se juntaban en el bar. En la mesa de al lado al viejo le temblaba el puso mientras agarraba el diario y las bolsas. Se acomodó la boina y se levanto. Con un paso lento pero calculado el viejo se retiró.Ella estaba sola y triste. Aunque abrigaba la esperanza, la ilusión, de estar mejor.Cierro mi libreta, he imaginado sus historias, sus fracasos, sus sueños... he tratado de entender sus miradas, sus sonrisas, sus gestos...